Por qué usamos el humor para sanar

Por qué usamos el humor para sanar

Hay cosas que son demasiado incómodas para decirlas en serio.

El miedo. La ansiedad. La sensación de no estar logrando la vida que pensabas. El cansancio que no se arregla durmiendo.

Hay emociones que pesan demasiado cuando se dicen de frente. Pero que, curiosamente, se vuelven un poco más habitables cuando se dicen con humor.

El humor no borra lo que duele. Pero a veces lo hace posible de mirar sin quebrarse.

Por eso existe el humor incómodo. El sarcasmo. La ironía. Chandler Bings. El meme que te hace reír… y después te deja pensando si en realidad todo estaba un poco más cerca de lo que querías admitir.

El humor es como una especie de traductor que inclusive nos hace poder verbalizar nuestros dolores de una manera más compartible.

Desde la psicología, el humor es considerado un mecanismo de afrontamiento. Un recurso que permite tomar distancia emocional sin desconectarse completamente de lo que pasa. No soluciona el problema, pero cambia la posición desde donde lo enfrentas.

Porque cuando algo duele demasiado, muchas veces necesitamos una pausa para poder procesarlo. Y el humor crea ese pequeño espacio.

 

Un espacio donde el peso se vuelve un poco más liviano. Donde lo difícil se vuelve un poco más decible. Donde lo personal se vuelve compartido.

 

Reírse de algo no significa que no importe. Muchas veces significa que importa mucho. El humor también rompe el aislamiento. Nos recuerda que no somos los únicos sintiéndonos así.

Que hay otros que también:

  • no tienen idea de qué están haciendo con su vida,
  • se sienten abrumados sin razón aparente,
  • piensan demasiado,
  • se exigen demasiado,
  • o simplemente están cansados de sostenerlo todo.

El humor crea comunidad sin necesidad de explicar demasiado. A veces un “yo también” llega en forma de risa.

Y eso, aunque parezca pequeño, puede ser muy reparador.

 

El humor no reemplaza la terapia. No reemplaza el tratamiento. No reemplaza las conversaciones difíciles. Pero puede ser el primer puente hacia ellas.

Puede ser la forma menos amenazante de reconocer algo que cuesta aceptar.

Porque decir en público: “no estoy bien” cuesta mucho.

El humor permite hablar de salud mental sin solemnidad extrema, sin tecnicismos, sin la presión de tener que tener todo resuelto antes de poder decir algo.

 

 

Nos da permiso para ser contradictorios. Para sentirnos mal y aun así reírnos. Para estar en proceso sin tener que explicarlo perfecto.

El humor también devuelve algo que el malestar muchas veces quita: la sensación de agencia. Porque cuando puedes reírte de algo, ya no estás completamente dominado por eso. Hay un pequeño espacio de libertad. Una pequeña señal de que algo dentro de ti sigue vivo.

En OMF uso el humor porque creo que la salud mental no solo se conversa en espacios clínicos. También se conversa en lo cotidiano. 

El humor no minimiza lo que sentimos. Lo hace visible sin que duela tanto mirarlo.

Porque sanar no siempre se ve profundo, solemne o perfecto. A veces se ve como una risa inesperada en medio de un día difícil. Y esa sonrisa, vale oro.